4

Carlos (2010)

Carlos de Olivier Assayas es una obra maestra. Siempre he intentado evitar este tipo de expresiones cuando recomiendo algo por miedo a generar unas expectativas que luego no se cumplan, pero en este caso estoy convencido de que quien vea la versión íntegra de cinco horas y media se convencerá de que efectivamente está ante una obra maestra.

2

Gore en las calles (1988)

En 1983, tras un año estudiando cine en la Wright State University, Jim Van Bebber decidió que no iba a continuar. La visión excesivamente teórica que se ofrecía no iba con él. En vez de pagar otro curso, utilizó el dinero del préstamo de estudios para montar una productora independiente con algunos colegas y empezar a rodar de inmediato, que es lo que de verdad quería.

8

RAF: Facción del ejército rojo (2008)

Dice Uli Edel, director de RAF: Facción del Ejército Rojo, que uno de los grandes retos a los que se enfrentaban con esta película era el de la desmitificación de la RAF.

No voy a discutir que la RAF es una de las bandas terroristas más mitificadas que existen, por dos motivos: en primer lugar, porque es muy fácil identificarse con las ideas de Gudrun Ensslin y de Ulrike Meinhof, básicamente porque reclamaban cosas que cualquiera con un ligero sentido de la justicia compartiría, y, en segundo lugar, porque su final en la cárcel, al margen de la interpretación que hagamos, los convirtió en mártires. Entiendo, por tanto, esa necesidad de mostrar a la banda como era, no como se ha idealizado.

6

El tesoro de la selva perdida (1985)

René Cardona Jr., director de El tesoro de la selva perdida, sabía cuál era la fórmula del éxito del cine de serie b: había que seguir la moda. Y la moda era Holocausto Caníbal (Cannibal Holocaust, Ruggero Deodato, 1980), así que a Cardona se le ocurrió hacer una película de aventuras en la selva amazónica con gente que muriera devorada por cocodrilos, pirañas e incluso —y esto es algo que sólo he visto en esta película y puede que nunca vuelva a ver— devorados por cangrejos. A la función se suman los jíbaros, que no son caníbales pero tienen una insana costumbre de decapitar todo lo que pueden.

18

¿El exorcista o El exorcista?

Hace unos días he visto una película titulada Satánico Pandemonium (Gilberto Martínez Solares, 1975), más conocida como La sexorcista. Es una producción mexicana que se estrenó dos años después de El exorcista y aunque no es una maravilla, me gustó, sobre todo la escena en la que la monja viola al niño de… esperad, que me estoy yendo de la historia. El caso es que a pesar de haber monjas violadoras, no era exactamente lo que yo esperaba. Y entonces mis ojos se posaron en mi edición de El exorcista, y como impulsado por una extraña fuerza (maligna, sin duda), tuve que levantarme a por ella y ver de nuevo los dos montajes.

20

Cobra, el brazo fuerte de la ley (1986)

A mí me encantan las pelis que transcurren en Navidad, ya sabéis, Jungla de cristal, Arma letal, Black Christmas, El día de la bestia, Los KISS salvan a Santa,… y Cobra, porque Cobra, aunque no lo parezca por el sol y las palmeras, transcurre en Navidad, lo que la convierte automáticamente en una peli para toda la familia.

A diferencia de otros infames episodios de la historia de la Cannon que ya he narrado en el blog (aquí, aquí y aquí de pasada), este no sólo no es infame sino que de hecho fue el mayor éxito de taquilla de la productora. Bueno, ahora que lo pienso, una cosa no está reñida con la otra, así que algo de infamia va a haber.

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La torre de los siete jorobados

Me da un poco de pena decir que en España hemos despreciado durante muchos años el género fantástico, y mientras que en Inglaterra primero y en Centroeuropa después, surgían grandes escritores como Poe o Maupassant al amparo de la fantasía y lo sobrenatural, aquí parecíamos empeñados en olvidarnos de todo lo que se saliera del realismo y el costumbrismo que constituían la norma, como si los términos «buen escritor» y «elementos sobrenaturales» no pudieran ir de la mano. De hecho, durante muchos años, algunos de los escritores que sí se aproximaron a la fantasía lo hicieron de una manera temerosa, como si les diera miedo que alguien los pudiera acusar de escribir fantasía, lo cual, teniendo en España antecedentes de obras como El Quijote o La vida es sueño, no tiene mucho sentido.

12

Mad Max 3, más allá de la cúpula del trueno (1985)

Sobre el origen de Mad Max 3 he leído no pocas versiones, pero la que más me convence es la de Terry Hayes, quien conoció a George Miller cuando recibió el encargó de la novelización de Mad Max y que luego colaboró en el guion de Mad Max 2. Hayes dice que la idea surgió en una conversación con Miller durante una cena. Miller le contaba a Hayes en qué consistía la física cuántica (en serio) y de repente a Hayes se le iluminó la bombilla y le dijo a Miller que deberían rodar una película sobre unos niños salvajes que debían volver a casa y Miller le contestó que eso tenía pinta de convertirse en la siguiente película de Mad Max. Vale, como anécdota no vale nada, pero realmente creo que esto es lo que ocurrió.

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Mad Max 2, el guerrero de la carretera (1981)

George Miller y Byron Kennedy (director y productor de Mad Max respectivamente) se conocieron en un festival de cortometrajes a principios de los 70. Sus gustos cinematográficos eran similares: ambos pensaban que el cine debía ser algo visual, sin demasiados diálogos, con persecuciones, con acción,… Les gustaba ver a los personajes haciendo cosas, no hablando. Conectaron. A partir de ese momento empezaron a trabajar juntos y fruto de esa colaboración surgió el corto The violence in cinema Part 1, que recibió multitud de premios. Era sólo el comienzo, pues tenían metas mucho más ambiciosas. Empezaron a pulir una idea, a darle forma. Coches, acción, ultraviolencia. Estaba naciendo Mad Max.

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Mad Max, salvajes de la autopista (1979)

Pantalla en negro. Suena un disparo y comienza una música propia de una película de terror. La primera imagen que vemos es del centro neurálgico de la Main Force Patrol. Tras un letrero que reza «Halls of Justice» se esconde el último reducto de algo que tal vez un día se pudo llamar Justicia. Esto da paso a un cartel que indica el «camino a la anarquía» y a un hombre que observa a una pareja a través de la mira de un rifle. ¿Es un policía? Lo es. Liebre llamando a Bailarín. […] Tenemos un asesino de policías. ¿Otro? No te has dado cuenta y ya estás atrapado; atrapado por esa sensación de que algo no va bien.

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