15

Acampando en Crystal Lake - Tercera parte

Viernes 13: el final. Jason se va al infierno (Jason goes to hell, Adam Marcus, 1993)

Ocho películas de Jason agotan a cualquiera y tras el fracaso del megatruño de Jason toma Manhattan, Paramount decidió que había llegado el momento de vender los derechos de la franquicia. La New Line Cinema, que ya poseía los derechos de Freddy Krueger, fue la que se hizo con ellos, en una maniobra que iba destinada a enfrentar a Jason contra Freddy.

Pero Wes Craven apareció por ahí dispuesto a reiniciar la franquicia de Freddy con La nueva pesadilla (Wes Craven’s New Nightmare, Wes Craven, 1994), así que mientras tanto, para pasar el rato, Sean Cunningham decidió hacer otra de Jason.

8

Acampando en Crystal Lake - Segunda parte

Viernes 13 V (Friday the 13th: A new beginning, Danny Steinmann, 1985)

Al final de la cuarta parte os planteé una pregunta: ¿Cómo seguirían la saga si Jason había muerto? Pues he aquí la infame quinta parte, también conocida como la peli de Jason sin Jason. Efectivamente, hicieron una peli sin Jason y se quedaron tan anchos.

Que llegaran a este guion me parece muy sorprendente porque se habían barajado varias opciones, desde una recuperación del personaje de Ginny, la final girl de la segunda parte, ambientada en un psiquiátrico, una idea que ya se barajó para otras secuelas, a lo que parecía más obvio, que era tirar del final abierto de la cuarta parte y hacer que Tommy Jarvis fuera el nuevo Jason. Sin embargo, optaron por hacer algo diferente, un poco tramposo y si me apuráis hasta absurdo: decidieron usar un imitador de Jason. Lo absurdo es que desde que aparece en pantalla sabes quién es el asesino y a pesar de ello, todavía intentan venderte la moto de que es Tommy Jarvis.

6

Acampando en Crystal Lake - Primera parte

En los próximos artículos voy a hacer un repaso de la saga Viernes 13, de la que soy gran seguidor. El slasher es un género que me gusta mucho ya que, por lo general, consigue dejarme satisfecho con muy poco, así que descubriréis que me gustan absolutamente todas las películas de esta saga a pesar de los esfuerzos que hacen en algunas por conseguir todo lo contrario. Por cierto, es posible que las destripe un poco así que si no las habéis visto y tenéis intención de hacerlo, tal vez no deberías leer esto.

4

Carlos (2010)

Carlos de Olivier Assayas es una obra maestra. Siempre he intentado evitar este tipo de expresiones cuando recomiendo algo por miedo a generar unas expectativas que luego no se cumplan, pero en este caso estoy convencido de que quien vea la versión íntegra de cinco horas y media se convencerá de que efectivamente está ante una obra maestra.

2

Gore en las calles (1988)

En 1983, tras un año estudiando cine en la Wright State University, Jim Van Bebber decidió que no iba a continuar. La visión excesivamente teórica que se ofrecía no iba con él. En vez de pagar otro curso, utilizó el dinero del préstamo de estudios para montar una productora independiente con algunos colegas y empezar a rodar de inmediato, que es lo que de verdad quería.

8

RAF: Facción del ejército rojo (2008)

Dice Uli Edel, director de RAF: Facción del Ejército Rojo, que uno de los grandes retos a los que se enfrentaban con esta película era el de la desmitificación de la RAF.

No voy a discutir que la RAF es una de las bandas terroristas más mitificadas que existen, por dos motivos: en primer lugar, porque es muy fácil identificarse con las ideas de Gudrun Ensslin y de Ulrike Meinhof, básicamente porque reclamaban cosas que cualquiera con un ligero sentido de la justicia compartiría, y, en segundo lugar, porque su final en la cárcel, al margen de la interpretación que hagamos, los convirtió en mártires. Entiendo, por tanto, esa necesidad de mostrar a la banda como era, no como se ha idealizado.

6

El tesoro de la selva perdida (1985)

René Cardona Jr., director de El tesoro de la selva perdida, sabía cuál era la fórmula del éxito del cine de serie b: había que seguir la moda. Y la moda era Holocausto Caníbal (Cannibal Holocaust, Ruggero Deodato, 1980), así que a Cardona se le ocurrió hacer una película de aventuras en la selva amazónica con gente que muriera devorada por cocodrilos, pirañas e incluso —y esto es algo que sólo he visto en esta película y puede que nunca vuelva a ver— devorados por cangrejos. A la función se suman los jíbaros, que no son caníbales pero tienen una insana costumbre de decapitar todo lo que pueden.

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¿El exorcista o El exorcista?

Hace unos días he visto una película titulada Satánico Pandemonium (Gilberto Martínez Solares, 1975), más conocida como La sexorcista. Es una producción mexicana que se estrenó dos años después de El exorcista y aunque no es una maravilla, me gustó, sobre todo la escena en la que la monja viola al niño de… esperad, que me estoy yendo de la historia. El caso es que a pesar de haber monjas violadoras, no era exactamente lo que yo esperaba. Y entonces mis ojos se posaron en mi edición de El exorcista, y como impulsado por una extraña fuerza (maligna, sin duda), tuve que levantarme a por ella y ver de nuevo los dos montajes.

20

Cobra, el brazo fuerte de la ley (1986)

A mí me encantan las pelis que transcurren en Navidad, ya sabéis, Jungla de cristal, Arma letal, Black Christmas, El día de la bestia, Los KISS salvan a Santa,… y Cobra, porque Cobra, aunque no lo parezca por el sol y las palmeras, transcurre en Navidad, lo que la convierte automáticamente en una peli para toda la familia.

A diferencia de otros infames episodios de la historia de la Cannon que ya he narrado en el blog (aquí, aquí y aquí de pasada), este no sólo no es infame sino que de hecho fue el mayor éxito de taquilla de la productora. Bueno, ahora que lo pienso, una cosa no está reñida con la otra, así que algo de infamia va a haber.

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La torre de los siete jorobados

Me da un poco de pena decir que en España hemos despreciado durante muchos años el género fantástico, y mientras que en Inglaterra primero y en Centroeuropa después, surgían grandes escritores como Poe o Maupassant al amparo de la fantasía y lo sobrenatural, aquí parecíamos empeñados en olvidarnos de todo lo que se saliera del realismo y el costumbrismo que constituían la norma, como si los términos «buen escritor» y «elementos sobrenaturales» no pudieran ir de la mano. De hecho, durante muchos años, algunos de los escritores que sí se aproximaron a la fantasía lo hicieron de una manera temerosa, como si les diera miedo que alguien los pudiera acusar de escribir fantasía, lo cual, teniendo en España antecedentes de obras como El Quijote o La vida es sueño, no tiene mucho sentido.

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